Esta mujer que aparece en su estudio con una foto de ella misma pintando el Gran Teatro Cervantes tangerino, ha hecho de su vocación pictórica la base de una profesión sin fin y el lujo de una vida que cuelga cada vez más en las paredes de amantes coleccionistas de un realismo nada trasnochado. Su exquisita cultura y su música callada en los pinceles la mantienen más viva que nunca.